Cuatro poemasEstos poemas inéditos forman parte de 'Cristales de tiempo' (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2016), un volumen editado por Patricia Rosas Lopátegui
Elena Garro
06:04Elena Garro

Mar de dedos

Hay muchos dedos.

Muchos dedos agresivos.

Los índices se levantan.

Los índices que señalan al prójimo

que acusan

que envidian.

Una cortina de dedos

Una marea de dedos

Una muralla

me señala.

Las lenguas se levantan, se despiertan

se afilan

se liman en los dientes

se envenenan en la saliva del colmillo.

Lenguas rasposas.

Lenguas que han lamido culos.

Lenguas que duermen solas

en sus cuevas de cavidades putrefactas.

Las lenguas que no vemos

en medio de las risas.

Lenguas sin ventilar.

Lenguas que pican.

No muerdan a su nombre tan hermoso.

México, 1956

***

A mi sustituta en el tiempo

Cuando ya solo quede de mi pie

el eco en las aceras

cuando de mis ojos solo la torre

que miraron

y de mi lengua ni una palabra girando

en un oído

cuando solo los signos escritos en el aire

por mis manos

cuando en el mar solo el perdido golpe

de las olas

y de esta lágrima no quede rastro

en la memoria

todavía tú, amiga, que me esperas

más allá de este tiempo

encontrarás mi enojo,

mi enojo porque han vuelto

tan inútil este mundo.

París, 1947

***

Hoy ármese mi mano (versión 2)

Hoy ármese mi mano,

enciéndase la luz verdosa con el odio.

Hace tiempo que tengo un enemigo.

Estamos frente a frente.

La puerta se ha cerrado.

Algo trama.

Nada va a producirse.

Los dos cerramos la boca.

La puerta se abre, se cierra.

Puerta maldita al infinito olvido de la calle.

Mi odio

el fantasma de mi odio sigue sus pasos.

El odio de una daga en la garganta.

El furor de la hoguera con las ramas.

La frialdad repetida de la hacha.

El ojo del reptil pegado a un pájaro.

El buitre y su apetito de carroña.

La muerte gusanera en una boca.

Mi odio

son esos odios juntos.

Su cuerpo sigue al tuyo

Se te aparece en las bocacalles.

Te nubla los ojos para mirar los rostros

Te amarga el paladar para probar los frutos

Ronda tu cabecera

y puebla tus sueños de imágenes sombrías.

Entra reptil en tu pecho.

La sonrisa te la vuelve mueca.

Petrifica el amor en tu mano.

Te deja desnuda.

Te mata poco a poco.

El odio tiene pies de gato.

París, 1949

***

O.

Todo el año es invierno junto a ti,

Rey Midas de la nieve.

Huyó la golondrina escondida

en el pelo.

La lengua no produjo más ríos

atravesando catedrales ni eucaliptos

en las torres.

Huyó por la rendija la ola azul

en cuyo centro se mecía la paloma.


El cielo blanco bajó para ahogar

a los árboles.

El lecho es el glaciar que devora

los sueños.

Surgió el puñal de hielo

para cercenar minuciosamente

la pequeña belleza que defiendo.


El sol se aleja cada día más

de mi órbita.

Solo hay invierno junto a ti,

amigo.

18 de enero de 1955

***

Ensueño

Roto el ensueño, quebrada la ilusión, el soñador

del campo que con los ojos abiertos oyó una noche

el canto de la oscuridad, ahora vela una fétida esperanza.


Olvida sus campos alguna vez inundados de ensueño,

la tierra que siempre reverbera porque nació sin saberlo

enamorado de ella.


Olvida hasta el tiempo cuando amó mujer, cuando ebrio

ahuyentaba los espantos.


Olvida en fin de todo lo que es ensueño y despierta un día

infinitamente lejos de la infancia y de cuanto soñó.


Como si en un mismo día se hubiera hecho viejo.


Él, que despertó de golpe abandonado por los astros,

perseguido por el hombre, la tierra inundada de sangre,

el día que ya no oyó ladrar los perros y que en silencio

los montes y las nubes y hasta el mismo azul del cielo

se le vinieron encima,

en ese día en que ocurrió todo,

perdió el ensueño.

Y si tuvo algún pensamiento después, ya no fue bueno…

Había sido tocado ciertamente por el mal…


Para acabar con la rabia hay que matar a muchos

Perros.

México, 1964